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NÚM. 46. Éticas teleológicas y terrorismo islamista

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Artículo. Revista: Isegoría, nº 46. 2012, Madrid (España).

DOI: doi:10.3989

Ciencias Sociales: Ciencias Políticas, Filosofía, Historia, Psicología, Religión
Palabras clave: Terrorismo islámico; qutbismo; ética teleológica; jihad; mente del terrorista

Autor/a/es:

José Sanmartín Esplugues, UCV San Vicente Mártir

Descripción:

La ética teleológica del terrorismo islamista (obra principalmente del filósofo Sayyid Qutb, que hunde sus raíces, a su vez, en la ideología de los Hermanos Musulmanes y en las reflexiones de Ibn Taymiyya y Abul alla Maududi) fija como meta suprema de la vida del hombre la complacencia de Allah y como medio principal para alcanzar esta meta la aplicación plena de la sharía o legislación divina.
Se sustenta que esta aplicación, que configura la forma de vida del musulmán auténtico, sólo se realizó de forma adecuada entre el año 622 y el 660, en tiempos del Profeta y los primeros cuatro califas (los llamados «píos antepasados» o «salaf»). De modo que la ética del terrorismo islamista prefigura como futuro una utopía regresiva, para la que fijan ahora como enemigos tanto a los infieles (el enemigo lejano) como a los apóstatas (el enemigo cercano).
La interiorización de los principios de esta ética y, en general, de las ideas vertebradoras de la filosofía que constituye la base del terrorismo islamista (el denominado «qutbismo», del nombre de su principal representante, Sayyid Qutb) correlaciona con distorsiones cognitivas, emocionales y comportamentales que presentan los terroristas, en particular: percibirse y sentirse como soldados perte-necientes a una vanguardia de musulmanes auténticos, que cumplen con el deber religioso (el mandato divino) de combatir a quienes contribuyen con sus ideas y prácticas a la degradación de los valores del Islam, tal como se fijan en los textos sagrados. Se trata, consideran, de una guerra justa, porque, aun cuando tenga la apariencia de ofensiva, los soldados de la vanguardia la llevan a cabo en defensa del auténtico Islam, amenazado en su esencia por apóstatas e infieles. A sus aparentes víctimas, concluyen, habría que verlas, pues, como lo que realmente son: los verdugos de una forma de vida tan excelsa como la auténticamente musulmana.

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